miércoles, 18 de junio de 2014

Un amor eterno

Nació muy pequeño pero a la vez muy grande, con sólo mirarle tenías la sensación de poder dañarle pues tal era su fragilidad que al meter la mano por aquel agujero para acariciar unos dedos tan suaves que te erizaban el vello y los sentidos, tu corazón te regañaba porque no sabía si a él le vendría bien.
Fue valiente desde el primer instante, se ganó amores incondionales para siempre, un campeón innato desde aquella cuna cerrada que le acogió bastantes días.
A medida que iba creciendo su sonrisa te aportaba una gran felicidad, era un granuja con la cara más simpática que jamás hubiera visto antes, y a ella la enamoró para toda su vida, era su niño mimado, por el que su vida había recobrado un sentido, cuidarle, quererle y protegerle, esa era su pasión.
Hoy con unos cuantos años más sigue siendo su niño, seguirá orgullosa de él aunque la distancia eterna los haya separado, y él seguirá mirando la estrella que más brille en el cielo para poder tenerla de alguna manera por siempre a su lado.

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