sábado, 8 de noviembre de 2014

Oh dulce otoño

No podía ser de otra forma, ¿por qué lo iba a ser? El destino siempre se había obstinado en hacerle ver que todo era de color negro,como mucho lo suavizaba al gris pero de ahí no pasaba, ni hablar.
Había llegado el otoño con todo lo que eso trae consigo, ya sabemos que en esta estación las hojas se caen, desde pequeños nos lo enseñan en el colegio, pero lo que nadie nos comenta es que el frío, la lluvia y ese aire que te levanta un fuerte dolor de cabeza viene de serie y siempre será lo mismo, cada año.
Solía pensar que el plan mantita,película, y sillón confortable, era un buen plan para un sábado con estas características climatológicas, pero de todo se cansa uno en esta vida.
Entonces empezó a soñar con dar un giro completo a su presente, hacía mucho que sus sueños se estaban evaporando y no precisamente por arte de magia, los veía desaparecer lentamente ante sus ojos pero sin poder hacer nada por evitarlo, al menos en ese preciso momento no se veía cualificada para parar la trayectoria que habían tomado.
Llegaría otra vez diciembre con unas navidades cargadas de sentimientos confusos, propósitos para el año nuevo que sospechaba jamás sucederían, la vida no era un tren como siempre escuchaba, no se oía ruido a su paso,  pero tampoco esperaba a nadie, no sería diferente para su persona.
Pensó entonces que debería buscar los tonos otoñales rojos y anaranjados, esos que aun arropada casi hasta los ojos te hacen sonreir tras la bufanda al verlos en las hojas esparcidas por el suelo que muy pícaras cayeron después de pasar los barrenderos,  agradeces en tu subconsciente que algo haya puesto una nota de color en ese día que hasta entonces era oscuro y en el cual no existía la menor duda de que no iba a terminar de otra manera.



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